Siempre que se acerca esta estación del año puedo jurar que algo cambia dentro de mi. Es como si realmente me despertara y fuera otra, como si algo en mi sistema se activara. Estoy segura que las cosas huelen diferente, el aire que se respira es más alegre.
No hay nada que me ponga de mejor humor que levantarme de la cama y no tener frío, de levantarme de mi cama y poder mirar por mi ventana y ver que está amaneciendo. Amo salir a la calle con una remera y una camperita o un saquito; sin la necesidad de llevar bufanda, de sentir que se te cae alguna parte del cuerpo por congelamiento.
Además, la primavera es la época del amor. Todas las primaveras deseo tener a alguien con quien compartirla pero no puedo. Igualmente me alegro por aquellos que pueden, y me conformo con imaginarme junto con aquella persona especial, debajo de un árbol hablando y pasándola bien.
Sí, es muy cursi, lo sé. Pero la primavera me hace esto, me pone cursi, me activa, me poner alegre y me permite funcionar con menos horas de sueño; cada vez me cuesta menos levantarme de la cama. Siempre que recuerdo la sensación de la primavera y su olor, siento una alegría en el pecho.
A veces siento que la primavera es como el sol que sale después de la tormenta: después de tantos días fríos es aquel respiro agradable.
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